Biking on stone island / Pedaleando en la isla de la piedra

A journey back to a Tropical past 

 

When you spend enough time with people that live in Stone Island you start to realize that they have a strong sense of identity, in their own eyes they are not from Mazatlán, They often say things like: “We are from the island not from Mazatlán, there is a difference”. The funny thing is that from a certain point of view, they are kind of right, since the island is an Ejido (an area of communal land used for agriculture) and like all the Ejidos in Mexico they have their own government and regulations but still answer to Mazatlán’s Mayor.

It is also interesting that it is no longer an island since for many years the city filled the Wetlands around the island with sand and rocks we got from dredging the harbor and nowadays you can actually drive to the island using the highway by the airport.

 

Highway to Stone Island

 

But let’s not get technical; what we really love about Stone Island is it’s people, their chilled vibe and their kindness, also while in the Island, you feel like time pauses and life takes a break, it truly feels like a journey back in time, back to mid-20th century rural Mexico.

 

Our preferred vehicle for this journey is a Bicycle, also you need a Panga witch is a small ferry that would take you across the harbor, from Playa sur dock to the island bike included, and the boat ride is only 8 minute long. Cruising through Stone Island on a bike is quite enjoyable, you will ride on dirt roads, paved street and if the conditions are right you could ride on the beach close to the water. (if you get a chance to do it, just make sure you properly wash your bike afterwards, the sand and the salinity could really damage your bike)

 

Ferry’s dock

Once on the island you will immediately feel the warmness of it’s people, everyone would greet you as you pass by, and won’t hesitate to help you if you need directions or help finding someone, it’s a small community so pretty much everybody knows everybody.

 

This came in handy for us when we were looking for a snack, without hesitation people directed us to Carolina’s little shop, she makes the best Cocacadas (coconut based cookies) in the island maybe even in Mazatlán, Doña Leo, as we lovingly call her, is the perfect example of the local kindness, her family has a small orchard, where they grow lots of things like squash, papaya and nanchis, you can actually buy these fruits and veggies at her little shop, this is not uncommon since Stone Island started as a farming community and for a long time it was their primary economic activity. Many families kept their farmland where they now grow coconut trees, mango and, bananas. If you have the time and the strength go ride through the orchards, right in front Doña Leo’s shop you can see the road that takes you to the airport, after a couple of minutes on it  you will be pedalling between the coconut farms and the mangrove wetlands, in a setting that truly feels like a tropical adventure.

 

It depends on you how much of the highway you want to ride just remember that you will have to bike the same distance on the way back and the high ways goes for 23 km each way, our suggestion and what we love to do is finding a way through the coconut orchards once you are hallway on the highway and get to the beach, like we mention before, if the tide is low you will have no problem riding back on the hard sand to where you got off the Panga. The beaches on Stone Island are gorgeous! So wide and so long in some sections you will realize you have the beach all for yourself.

 

Definitely Stone Island is a unique place with a lot of history, but what really sets it apart is it´s super friendly chilled vibe people. A place full of palm trees soaked in sun light, a space so peaceful and tropical where you can leave the city behind and relax

 

Never stop exploring; we’ll see you next time

 

Un viaje a un pasado tropical 

 

Al convivir con las personas que viven en la Isla de la Piedra te das cuenta de que tienen un gran sentido de identidad, desde su perspectiva ellos no son de Mazatlán, “Nosotros somos de la Isla de la Piedra”, dicen orgullosos y en cierto sentido tienen razón, pues aunque solo se encuentra a menos de 2 km en lancha de Mazatlán,  la isla es un ejido con su propio comisario aunque como es el caso de los ejidos en México responden al gobierno municipal.

Igual de interesante es el hecho de que técnicamente ya no es una isla sino una península dado que se le han ganado terrenos al estero y actualmente está conectada a Mazatlán por una carretera cercana al aeropuerto.

 

Carretera a la isla de la piedra

 

Pero no entremos en detalles técnicos, lo que realmente nos cautiva de la isla de la piedra es su gente, la vibra relajada que transmiten, lo amabilidad de los “isleños” y este sentimiento de que “el tiempo se detiene y la brisa tome pausa” ya que visitar la isla se siente como un viaje al pasado, un viaje al México rural Tropical de mediados del siglo XX,

 

Nuestro Vehículo preferido para ese viaje en el tiempo es una Bicicleta, bueno y una “Panga” que es una embarcación pequeña que te permite llegar a la isla vía marítima con todo y Bici y que solo dura 8 minutos en llegar de Mazatlán a la isla. Pedalear en la isla es bastante agradable, tiene secciones de terrecería, calles pavimentadas y si la marea lo permite puedes rodar en la arena compacta a la orilla del mar, una experiencia muy relajante  (solo asegúrate de lavar bien tu bici después de rodar por que la sal del mar no perdona)

 

Muelle isla de la piedra

 

Una vez en la isla inmediatamente sientes la calidez de su gente, toda persona que encuentres en las calles de la isla te va a saludar o te va ayudar con direcciones o a encontrar a quien estés buscando ya que al ser una comunidad pequeña todo mundo se conoce.

 

Fue precisamente así, preguntando, que encontramos a la señora Leonila quien hace las Cocadas (postre a base de coco rallado) más deliciosas de la Isla de piedra si no es que de Mazatlán. Doña Leo como le decimos de cariño es el perfecto ejemplo de la amabilidad y la calidez de los isleños, ella junto a su familia tienen un pequeño huerto donde siembran desde calabaza hasta papaya y nanchi, productos que puedes comprar en su pequeña tienda, y es que te darás cuenta que al ser un ejido, la isla dependió durante mucho tiempo de la agricultura y muchas familias  conservan sus parcelas en donde en su mayoría siembran palmas de cocos, mangos y plátanos, de hecho justo enfrente de la tiendita de Doña Leo podrás ver la carretera que conecta con el aeropuerto, si tienes el tiempo y las ganas no dudes en rodar por esa carretera, estarás pedaleando entre plantaciones cocoteras y el manglar, en un escenario que te hará sentir realmente una aventura tropical.

 

Depende de ti que tan lejos en esa carretera quieras llegar solo recuerda que tendrás que regresar la misma distancia y la carretera mide en total 23 km en cada dirección, nuestra sugerencia y lo que amamos hacer es encontrar un camino entre las parcelas a la mitad del trayecto para llegar a la playa y regresar por la playa, si las condiciones lo permiten podrás regresar al punto donde te bajaste de la Panga pedaleando en la arena dura. Las playas de la isla son muy largas y anchas en algunas secciones te darás cuenta que tienes la playa para ti solo, realmente son playas con una belleza única.

 

Definitivamente la isla es un lugar único con mucha historia pero sobre todo con gente súper amable y con mucha buena vibra, un lugar lleno de palmeras bañadas de sol, un espacio tan tranquilo y tropical donde pues escapar de la cotidianidad de la ciudad.

 

Nunca dejes de Explorar y nos vemos la que sigue!

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