Mazatlan’s heart and soul: Doña Carolina

Fresh from the oven straight to the hearth 

Human memory is truly fascinating, and specifically our olfactory memory, some studies affirm that smells are usually related with early memories prior to the age of ten, this memories are vivid and often they bring to mind a mental picture of the things associated with a particular smell, for example, that dish our mom would cook for us on a holiday, the smell of a summer rain, the smell of old house, etc.  All these smells can take us back to memories we thought we have lost.

The aforementioned perfectly describes what you would experience if you visit Mrs. Carolina Velarde better known as Doña Caro by the people in La Noria. Visiting her will give you a glimpse in to the past in Mexico, what we would experience visiting our grandparents in “El Rancho”.  The warmness, the kindness and the hospitality  are a trademark of this experience as well as been fed by grandma, who will always make us go for a second round and god help you if you refused, there will be no bigger insult.

For our team visiting the town of La Noria and not stop by Doña Caro is like going to the movies and not getting popcorn. She is the epitome of hospitality and she perfectly portrays the warmth of the people from rural Sinaloa, I am exaggerating? Absolutely not, Doña Carolina is famous in her hometown because she often has people over for lunch, but you might be thinking:  does she have a restaurant? Nope she just feeds people expecting nothing in return, you just need to be invited by a relative or a friend and immediately she will make you feel at home, even if all she has is some beans, fresh cheese and some handmade tortillas, trust me, it will be more than enough, those tortillas are legendary. Doña Carolina will treat you like family and will open her house to you.

To give you directions as to how to get to Carolina would be quite complicated since La Noria is a little town with many narrow roads, alley ways and not well marked blocks, we are just going to say that she lives by the church, but do not worry, just ask around everybody knows Carolina, people will be happy to even take you there.

Once at Doña Caro´s, you will be captivated by her colorful garden; her 300 year old house will be the perfect scenario for the meal you are about to experience. She has an outdoors kitchen with a brick wood stove so everything she cooks, she does with wood, so you can imagine the smell coming out of that kitchen. She has an endless supply of wood, her husband Jesus also known as “El Lindo” is a carpenter and he has his shop next to the house, so Carolina uses the left over wood from the shop nothing goes to waste. We could almost guarantee that wherever she serves you it would be the best homemade food you ever had. A friend of us once said about her food: “Doña Caro’s food feels like a hug” and we totally agree because is not just the food but the whole experience, her hospitality, her stories and her genuine love of food, It definitely feels like a warm hug.

We considered an honor being able to call Doña Caro our friend, every time we visit La Noria, either after a bike ride or a long hike we have to stop at Doña Caro’s even for a quick visit.

Never stop exploring, see you next time.

Del comal al corazón

La memoria humana es algo realmente fascinante, especialmente nuestra memoria olfativa, algunos estudios afirman que los olores están usualmente más relacionados con recuerdos de experiencias anteriores a los 10 años de edad, estos son vívidos e incluso traen consigo una imagen mental de aquello que los olores evocan, el platillo que cocinaba nuestra madre el fin de semana, el olor a tierra mojada de las tormentas de verano, el olor de la casa de la abuela, etc… todos estos olores pueden hacernos revivir momentos que quizás creíamos perdidos.

Lo anterior describe perfectamente la experiencia que vivimos al visitar a La señora Carolina Velarde mejor conocida en el poblado de La Noria simplemente como: Doña Caro, y es que visitarla evoca recuerdos de una infancia temprana cuando visitábamos a nuestras abuelas y sentíamos su hospitalidad, cariño y calidez, todos recordamos como nos daban de comer como si no hubiese mañana y pobre de nosotros que no le aceptáramos más comida, no había mayor ofensa

Para mi Visitar la Noria y no llegar con Doña Caro es como ir al cine y no comer palomitas, ella es la epitome de la hospitalidad y representa perfectamente la calidez del Sinaloense de la zona rural, ¿porque lo digo? Bueno, porque Carolina es famosa en la Noria por recibir personas en su casa para comer sin esperar nada a cambio, no importa si nunca te ha visto en su vida mientras seas un invitado de su invitado ella te tratara como si fueras de la familia, además su sazón es legendaria y sus tortillas hechas a mano de fama internacional (aunque ella siempre se ríe cuando se lo menciono)

Dar instrucciones de cómo llegar a su casa sería muy complicado dado que La Noria es un pueblo pequeño con manzanas no muy bien definidas, solo te voy a decir que su calle se encuentra a un costado de la iglesia del pueblo, pero no te compliques la vida, solo pregunta por la casa de Doña Caro, con gusto, los pobladores de La Noria te dirán como llegar.

Al llegar a casa de Carolina serás asaltado por los aromas de su colorido jardín, su casa de adobe y el delicioso olor a lo que sea que este cocinando, pero sobre todo ese aroma a madera quemándose ya que Doña Carolina prefiere cocinar en una estufa de madera, así que te puedes imaginar el sabor que tendrá esa comida, su esposo, Jesús Velarde también conocido como “El Lindo” es un carpintero que trabaja con Huanacaxtle y tiene su taller a un lado de la casa así que Doña Carolina usa las sobras de madera del taller de su esposo, nada se desperdicia. No importa si solo sirve tortillas con queso fresco y rebanadas de aguacate, esa comida se va a sentir como lo mejor que has comido en décadas, en palabras de un invitado, “La comida de carolina se siente como un abrazo” y estoy totalmente de acuerdo ya que no solo es la comida si no el hecho de sentir la hospitalidad de Doña Caro y escuchar sus anécdotas e historias realmente se siente como un abrazo.

Realmente es un honor contarme ente sus amigos, cada visita a la Noria ya sea después de rodar en bicicleta o caminar el sendero del Agave Azul tiene como parada obligatoria la casa de Doña Caro, aunque sea solo para saludarla.

Nunca dejes de explorar! Nos vemos la que sigue

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